01 abril 2008

Concierto de Marlango en el Victoria Eugenia


Melodías de seducción

Fecha y lugar. 30/03/08. Teatro Victoria Eugenia. Donostia. Intérpretes. Leonor Watling (voz), Alejandro Pelayo (teclados y guitarra ocasional), Óscar Ybarra (trompeta y fliscorno), Gonzalo Maestre (batería), Manuel Bagüés (bajo) y Vicent Huma (guitarra).

"GRACIAS por esperarnos un mes", musitó una despistada Leonor al inicio de un concierto que debió celebrarse en realidad dos meses antes pero que fue frustrado por una indisposición de la cantante y actriz. A juzgar por la reacción del público del Victoria Eugenia, no habría importado que la espera se dilatara aún más. Con tres discos a sus espaldas, Marlango puede alardear de contar con una estimable legión de fans que siguen los movimientos del trío que completan el teclista e ideólogo Alejandro Pelayo y el trompetista Óscar Ybarra. Convertidos en trajeado sexteto por obra y gracia de tres efectivos músicos, el domingo los chicos de Marlango regresaron a Donostia para presentar su último álbum, The electrical morning (2007), cuyo repertorio repasaron a conciencia: sólo se dejaron en el tintero tres de sus trece temas.

Arrancaron, quizá algo tímidos, con la reciente Never trust me y también rescataron algunos temas de sus dos anteriores discos, como el Pequeño vals que, con silbido incluido, contribuyó a animar al respetable. Siguieron, entre otras, con la cambiante Sink down to me y Wrong way , una tonada que, en palabras de la escotada Leonor, posee la virtud de que un domingo se parezca al sábado. "Y eso que un domingo siempre es domingo, aunque trates de huir de él", bromeó.

Hacia el escuador del bolo, dos canciones como Mind the gap y Silence sirvieron para poner de manifiesto los ingredientes de lo que algunos denominan sonido Marlango: melodías circulares con cierta capacidad hipnótica y un asombroso poder metamórfico, una trompeta y unos teclados de lo más característicos, y una voz, la de Watling que, lejos de ser perfecta -y menos en directo-, se muestra flexiblemente seductora, sobre todo por su habilidad para susurrar letras que inmediatamente después pueden transformarse en un atronador pero dulce alarido .

El elegante pop que Marlango adereza con abundantes gotas de jazz y algunos ramalazos de rock tuvo como exponentes finales temas añejos como Once upon a time y Shake the moon . Para los bises dejaron su versión del Vete de Los Amaya -esta vez no hubo revisión de La negra flor de Radio Futura-, la arrabalera Dance! Dance! Dance! y una bella nana. Shiny fish , que habla de peces que aúllan a la luna y que, obviamente, podría haber escrito el guía espiritual del grupo, el inefable Tom Waits.

Con las luces ya encendidas, muchos de los asistentes abandonaban el teatro con la sensación de querer agotar las horas de un viernes mágico que en poco se asemejaba a un domingo frío y lluvioso.



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